Amado mío
no turbes el silencio.
Mira qué bello es
el nacimiento de la nada.
Mírala como surge de su nadidad
y nos embriaga con su plenitud.

Cómo brota como el chorro fresco
de una fuente que no está en ningún sitio
y está en todos.
Cómo llega sin venir de parte alguna
otra que de sí misma,
estando como siempre ha estado
Aquí
al rescoldo de todas las cosas,
como el fuego divino,
como la antorcha que ilumina toda oscuridad.

Escúchala. Calla.
Su palabra es la luz y la sustancia de la vida.
Vibrante de luz como cielo estrellado
surcado por cometas gloriosos.
Como el amor, igual que el amor es la sustancia
que nutre, que nos carga en sus brazos,
que nos amamanta, y nos revela aquella vitalidad
primera, total, absoluta y sin nombre
que es el amor.

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