Lloro por los que tienen sus espejos opacos
y reflejan fenómenos,
imágenes torcidas,
por los que no pueden gozar
de su extensión infinita,
de su abarcación eterna
sin peso ni medida.
Lloro por los que miden sus vidas
en momentos vacíos y transitorios
de un tiempo imaginario.
Lloro por aquellos que se ciegan
a sus eternidades
y en sistemas de lógica
encarcelan sus almas,
por los que vagan por el mundo
con vendas en su alma,
y en medio de galaxias,
no miran las estrellas
ni salen a su caza.
Tristes seres
que con mil universos
y mil mundos de luces
se duermen en los bancos
de las plazas desiertas.
No saben que tales maravillas,
todas les pertenecen,
más allá del margen creído de las cosas,
y la loca espiral de las evoluciones.

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